
No parece que los exterminios, matanzas o genocidios sean excepciones en la historia de la humanidad, no son fruto de una determinada cultura o de un régimen político concreto. Traspasan las fronteras políticas y naturales, igual se encuentran en Siberia que en Uganda, igual se presentan bajo la pretendida legitimidad de salvaguardar las libertades y derechos de un pueblo como lo pueden hacer bajo el argumento de ser una necesidad el acabar físicamente con aquellos considerados inferiores, no ya por su peligrosidad sino por evitar que contaminen la pureza de la sangre.
Está por ver cuáles son las circunstancias que desembocan en estas terroríficas formas de expresión humana.
La Shoah, el genocidio armenio, Katyn, Srebenica, Kolyma y la ruta de los huesos junto a todo el GULAG, la eliminación masiva de camboyanos ejercida por los Jemeres Rojos o las matanzas entre utus y tutsis se presentan como abanderados de estas prácticas en la historia contemporánea.
Un ensayo sobre las razones de tal comportamiento es una tarea que no está al alcance de Azarías. Quizá el número de variables que posibilitan estas prácticas sea tan amplio que su simple enumeración no sea nada más que eso, una enumeración de circunstancias que se dieron en unos u otros casos, circunstancias que condicionan pero que no determinan.
Que se pueda circular dos mil kilómetros por una carretera cuyo asfalto descansa sobre esqueletos humanos o que se pueda pasear por un campo donde los huesos y los restos de las ropas de miles de ejecutados emergen del subsuelo exhibiendo su dantesca presencia a penas disimulada es algo cuya causalidad parece que debe buscarse en la naturaleza humana. La misma naturaleza que crea el arte crea el genocidio, la naturaleza humana. Los causas que llevan a los humanos a desembocar en la Venus de Milo o en Auschwitz están todavía sin clarificar.
Un dicho judío ironiza : " Auschwitz, cuando Dios estaba de vacaciones". Arendt, más pragmática ella, señalaba en su " Heichman en Jerusalén" a la banalidad del mal como una de las causas, pero... eso, una de ellas, circunscrita a la Shoah y no causa necesaria en otros genocidios o exterminios.
Tamerlan por su parte, allá por el medievo, se podía dedicar por la mañana a exterminar y por la tarde a la arquitectura y la escultura para convertir Samarcanda en una de las ciudades más bellas del planeta " Si dudais de nuestro poder contemplar nustros edificios". No parece que estén reñidos el arte y la barbarie, la cosa se complica y a Azarias se le escapa tal complejidad.


